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Artículos y reflexiones 

 

                                                    "Album ilustrado y surimi."

 Confusiones sobre los cuentos.

Parte 2: Album ilustrado y surimi.

 

 

 

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Las adaptaciones, las edades, y el surimi en el álbum ilustrado.

 

Cuando era pequeño, no recuerdo muy bien en qué curso de primaria, imagino que tercero o cuarto, la obra de “El Principito” la tuve de obligada lectura. ¡Qué gran invento, obligar a leer, para amar la lectura! …

En aquel entonces, el que aquí escribe, se podría describir como un niño tímido en el colegio, introvertido y apasionado de la lectura. Recuerdo leer, y releer mis comics y libros con gusto y entusiasmo durante toda mi niñez.

Me recuerdo, tierno yo, una tarde de primavera, sentado bajo el cálido sol e iniciando con gusto la lectura de tan breve libro. Me acomodo, y comienzo: Cuando de pronto, ante mí desfila un elenco en el desierto de ¿Baobabs?, ¿elefantes en un sombrero?, ¿Boas que comen elefantes?, ¿eh?, ¿eh?, ¿eh ?, ¿cómo? Una caja con una oveja dentro, ¿Hola?, ¡si no cabe!, ¿darle de comer a traves de agujeros?, ¿dibujar lo que no se vé?, Pero...¿Este niño donde duerme?. Resumiendo, no comprendía nada de lo que leia.

Experimenté en mi tierna sesera y carnes eso que se llama la tortura de las lecturas obligatorias del colegio por vez primera en mi vida en dicho momento con aquel libro de El Principito.

Reconozco que no lo sufrí mucho, porque a las dos páginas me quedaba literalmente dormido de forma invariable. Y así por cuatro o cinco intentos con igual resultado, hasta que tuve que desistir.

A este hecho acaecido en mi niñez, se le podría suponer distintas causas, como por ejemplo, que fue debido a un debut muy marcado por mi parte al periodo de las operaciones concretas, y que ello me dificultaba para entender la metáfora..., también puede pensarse que sufriera en mi niñez de “literalidad crónica” cual Sheldon Cooper, sin descartar que yo no fuese, ni sea, muy espabilado…todo es posible, pero también puede, que ese libro no fuera apto para mi edad. Así es que lo diré bajito, como el amigo Sanz: No, El principito, no es un libro para infantil ni primaria. Es un relato novelado, no confundir con un cuento, para adultos por parte de un adulto, o como mucho, si se quiere, para adolescentes. He dicho.

Años después, por esta costumbre mía de leer y releer todo lo que había en casa, volví a tropezarme con dicho libro en mi habitación, y reintenté su lectura, no podía ser de otra forma, al fin y al cabo era un libro, ¡y yo amo los libros tanto o más que el chocolate negro!, y…oh, sorpresa... indefectiblemente tras la primera finalización de mi lectura con emotivas lágrimas en los ojos, se convirtió en mi libro favorito durante toda una década, que releí más de ocho veces con idéntica emoción por mi parte en cada relectura. Tenía por aquel entonces 20 años, una flor que cuidar y un zorro amigo.

 

Algunas personas, comprendiendo esto que he relatado, o intuyéndolo, recurren a las adaptaciones literarias. Es decir, textos resumidos y de fácil digestión para acercar las grandes obras al público para el que la obra no fue concebida… No seré yo quien descubra aquí los pros y los contras de las adaptaciones literarias, ventajas e inconvenientes, larga discusión que me suena a galgos o podencos. Simplemente diré que no me gustan y no son de mi preferencia. Y no me gustan por la sencilla razón de que, por ejemplo, las múltiples dimensiones y las esencia de “El Principito” por muy bella ilustración que lleve en un álbum ilustrado “adaptado” sobre él, no podrá jamás ser transmitida en ese “resumen de fácil digestión”.

No me gustan, por que nunca será mejor una película que el libro del cual aquella es un “resumen digest”. No me gustan porque nunca podrá ser igual el marisco gallego que el marisco “adaptado” a la digestión del bolsillo de la clase media o media-baja: el surimi. No me gusta porque no es lo mismo, así de sencillo. No me gusta porque una sinopsis o un resumen nunca podrán sustituir a la experiencia completa de la obra. No me gusta porque la adaptación es otra cosa, es decir, el original y la adaptación son productos diferentes. ¿Ambos útiles? Es posible. ¿Compatibles?. Puede ser, y será, pero no me interesan ni para mí ni para la causa de los niños.

 

Una adaptación literaria, si es fiel al texto, (pues en caso contrario estaríamos hablando de versión en vez de adaptación), es en esencia, un texto resumido con más o menos suerte, (generalmente con bastante baja calidad) que acerca a un publico una obra para la que no están preparados. Y me pregunto: ¿por qué no esperamos un poco?, ¿tan escasos andamos de buena literatura y de grandes referentes? ¿o acaso es que desde nuestro “adultocentrismo” solo consideramos “grandes” a los literatos de adultos y “de segunda” a los que se dedican a escribir para el público infantil?, ¿Estamos valorando, respetando y entendiendo el universo y el gusto de los chicos cuando hacemos esto?. Creo que no.

 

De todos modos, si hay tanta prisa en que los niños accedan a todo cuanto antes, lanzo algunas sugerencias a modo de aceleración de procesos, algo bizarras…podrían adaptarse, por ejemplo: La física cuántica para el aula de infantil, El exorcista para infantil o Lacan para infantil. No prosigo para no alarmar al lector. Pero, afortunadamente, no se nos ocurre, (de momento), tales disparates, porque tenemos la sana comprensión, de que son creaciones que no están al alcance de la madurez de los más pequeños, y que no tiene sentido ni es necesaria su adaptación.

En fin, mientras tanto, surimi para todos con forma de langosta, que no es langosta, pero que está rico, aunque vaya usted a saber la química y calidades del invento.

 

Publicado en www.marianocegarra.com

09-11-2018

 

 © Mariano Cegarra.

 

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